viernes, 17 de agosto de 2012

Sobre la caridad fraterna y el perdón


¡Que el Señor te bendiga! Voy a explicarte tu caso de conciencia. ¿Hay preocupaciones o personas que te impiden amar al Señor Dios? Pues bien, ama a los que te importunan. A no ser que el Señor te indique con contrario, no exijas que ellos cambien de actitud con respecto a ti. Los debes amar tal como son.

En esto reconoceré que amas al Señor y que me amas a mí, su servidor y el tuyo: si cualquier hermano del mundo, después de haber pecado cuanto es posible pecar, puede encontrarse con tu mirada, pedir tu perdón e irse perdonado. Si no te pide perdón, pregúntale tú si quiere ser perdonado. Y aunque después de esto pecara mil veces contra ti, ámale todavía más de lo que me amas a mí, y todo ello para llevarlo al Señor. Ten siempre compasión de estos desgraciados. Y cuando se presente la ocasión, haz saber a los guardianes de nuestras comunidades, tu firme resolución de amar así".

San Francisco de Asís
 

jueves, 16 de agosto de 2012

Pan dulcísimo, cura el paladar de mi corazón


Foto: MINUTO DE ORACIÓN

Pan dulcísimo, cura el paladar de mi corazón para que experimente la suavidad de tu amor. Sánalo de toda debilidad, para que no guste otra dulzura fuera de Ti, ni busque otro amor, ni ame otra belleza. Pan purísimo que encierras, que contienes en Ti todo deleite y el sabor de toda suavidad, que siempre nos restauras y nunca te desvirtúas, de Ti se nutra mi corazón y de tu dulzura se llene lo íntimo de mi alma. De Ti se nutre en plenitud el ángel; nútrase de Ti, según su capacidad el hombre peregrino, para que, fortalecido con tal alimento, no desfallezca por el camino.

Pan santo, Pan vivo..., que has bajado del cielo y das la vida al mundo, ven a mi corazón y límpiame de toda impureza de la carne y del espíritu: entra en mi alma y santifícame interior y exteriormente. Sé Tú la continua salvación de mi alma y de mi cuerpo. Aleja de mí a los enemigos que me tienden asechanzas; huyan lejos de la presencia de tu poder, para que fortalecido por Ti en lo exterior y en lo interior, llegue por el sendero recto a tu reino, donde te veremos, no envuelto en el misterio como en esta vida, sino cara a cara... Entonces me saciarás de Ti con una saciedad admirable, de modo que no tenga ya hambre ni sed eternamente.

San Anselmo, obispo y doctor de la IglesiaPan dulcísimo, cura el paladar de mi corazón para que experimente la suavidad de tu amor. Sánalo de toda debilidad, para que no guste otra dulzura fuera de Ti, ni busque otro amor, ni ame otra belleza. Pan purísimo que en
cierras, que contienes en Ti todo deleite y el sabor de toda suavidad, que siempre nos restauras y nunca te desvirtúas, de Ti se nutra mi corazón y de tu dulzura se llene lo íntimo de mi alma. De Ti se nutre en plenitud el ángel; nútrase de Ti, según su capacidad el hombre peregrino, para que, fortalecido con tal alimento, no desfallezca por el camino.


Pan santo, Pan vivo..., que has bajado del cielo y das la vida al mundo, ven a mi corazón y límpiame de toda impureza de la carne y del espíritu: entra en mi alma y santifícame interior y exteriormente. Sé Tú la continua salvación de mi alma y de mi cuerpo. Aleja de mí a los enemigos que me tienden asechanzas; huyan lejos de la presencia de tu poder, para que fortalecido por Ti en lo exterior y en lo interior, llegue por el sendero recto a tu reino, donde te veremos, no envuelto en el misterio como en esta vida, sino cara a cara... Entonces me saciarás de Ti con una saciedad admirable, de modo que no tenga ya hambre ni sed eternamente.



San Anselmo, obispo y doctor de la Iglesia

miércoles, 15 de agosto de 2012

No hay que tener miedo

Pues cuando parece que Jesús va dormido, estás más al tanto que nunca y es cuando menos nos dejas de su mano.
 
No hay que tener miedo
No hay que tener miedo
¡Gente de poca fe!...

Escuchamos este reproche de Jesús. ¿Por qué será? ¿Por qué Jesús da tanta importancia a la fe y a la confianza en Él? ¿Por qué se queja cuando nos ve titubeantes? ¿Por qué?...

Aquel día había sido para Jesús una jornada muy dura, con predicar y atender a la gente.
Llegado el atardecer, da a los apóstoles, hombres del lago que lo conocen bien, esta orden precisa:
- Preparad la barca y vámonos a la otra orilla. A ver si podemos descansar un poco.

Ni tardos ni perezosos, preparan la nave, montan en ella a Jesús, y emprenden la travesía. Se acerca la noche, y viene lo peor e inesperado. El lago de Genesaret era así. No avisaba ni prevenía las borrascas, que se levantaban en el momento más inesperado.

Empieza a soplar un viento impetuoso, se alzan fuertes oleadas, y la barca se llena de agua con verdadero peligro de naufragio.

Jesús, entre tanto, dormido profundamente sobre un cabezal en popa, pues no podía con el cansancio de aquel día. Los apóstoles lo remueven, le desvelan y le gritan llenos de espanto:
- ¡Maestro! ¡Maestro! ¿No te importa que nos muramos?...

Jesús se sacude los ojos, contempla la escena, se encara con el viento -¡Calla!-, y le grita al mar embravecido:
- ¡Cálmate!...

El viento cesa repentinamente y se produce una bonanza total en el lago.

Pero a los apóstoles les reprocha con la compresión de siempre, aunque también con seriedad:
- ¿A qué viene tanto miedo? ¿Aún no tenéis fe?...

Los apóstoles se salvan de una muerte segura. Y comienzan a decirse unos a otros, como si aún no conocieran a Jesús:
- Pero, ¿quién es éste, al que obedecen hasta el viento y el mar?...

Hasta aquí, la narración del Evangelio, que a nosotros nos viene a dar esa lección que Jesús nos quiere meter bien adentro de la cabeza: ¡Fe! ¡Confianza! ¡Fuera miedos!...

Cuando Lucas nos narra este mismo episodio nos advierte, con toda intención, que la barca era de Pedro. Clara alusión al sentido del milagro: en la barca de la Iglesia va siempre velando Jesús.

Pedro, el Papa, nosotros los fieles metidos en la barca, ¿hemos de temer las persecuciones contra la Iglesia, los momentos difíciles que la Iglesia ha de pasar, las incomprensiones de que la Iglesia es objeto?... Nada de esto debe preocuparnos. Estamos prevenidos y sabemos que la Iglesia es indefectible. Una Iglesia sin contradicción nos daría miedo, pues no sería la Iglesia de Jesucristo.

El Señor, aunque parezca que a tiempos está dormido, vela constantemente sobre su Iglesia, a la que han asaltado piratas, la han bombardeado desde el aire, le han perseguido los submarinos, la han rodeado acorazados poderosos para hundirla... --¿de qué manera no habrán atacado la nave de la Iglesia?--, y la Iglesia lleva ya dos mil años cruzando los mares sin hundirse...

Pero, no estamos ahora haciendo apología de la Iglesia ni la queremos presentar con aire triunfalista.

Miramos la fe en nuestras propias vidas. ¿Cómo y por qué debemos tener fe en Dios?

Nuestros padres, abuelos y antepasados se preocupaban mucho de los fenómenos naturales. Una buena lluvia traía una buena cosecha. Una sequía resultaba fatal. Un terremoto causaba una catástrofe irreparable. La enfermedad estropeaba quizá para siempre la vida. La salud era el mayor de los bienes... Y así todas las realidades físicas, unas buenas otras malas. Por eso, toda la oración iba dirigida a Dios para escapar de estos males y para conseguir todos esos bienes.

Hoy vivimos con la convicción de que todo eso sigue estando en la mano de Dios. Pero sabemos también que todos esos fenómenos obedecen a causas naturales, bien conocidas, y nuestro tesón va dirigido a dominar esas fuerzas de la naturaleza que Dios pone en nuestras manos.

Otra cosa son los males morales y espirituales. Aquí ya nos encontramos con una gran responsabilidad por parte nuestra. No podemos echar la culpa a fallos de la naturaleza sino a descuidos nuestros.

¿De dónde puede venir un fracaso en el negocio? A lo mejor, de falta de preparación o de la pereza...
¿De dónde puede venir un fracaso en el amor?
A lo mejor, de un carácter insoportable...
¿De dónde puede venir un accidente de tránsito? A lo mejor, de una imprudencia culpable...
¿De dónde un mal social, como la pobreza extrema? A lo mejor, de la injusticia reinante...

Tanto en los males físicos como morales, nos toca sufrir. No nos gustan. Nos los queremos echar de encima. Y hacemos bien. Porque es deber nuestro el evitarlos.

¿Dónde suele estar entonces nuestro fallo? Por una parte, está en la falta de fe y confianza en el amor y providencia de Dios.

Y por otra, en la falta de colaboración nuestra para ayudar al mismo Dios.

Dios nos ayuda a nosotros cuando nosotros ayudamos a Dios con nuestro trabajo y con nuestro esfuerzo. La Providencia de Dios cuenta siempre con ese trabajo y esfuerzo nuestros. Y sólo entonces tenemos derecho a acudir a Dios con la oración, sabiendo que Dios no nos va a fallar.

¡Señor Jesucristo! Tú nos amas y estás siempre con el ojo atento sobre nosotros.

¿Qué mal nos puede venir si te llevamos, no en una barca, sino en el corazón? Siempre confiaremos en Ti. Pues cuando parece que vas dormido, estás más al tanto que nunca y es cuando menos nos dejas de tu mano....

martes, 14 de agosto de 2012

La oración es el medio más eficaz para restablecer la paz en las almas



Todas las actividades humanas están dirigidas a la madre tierra. Sólo en el momento de la oración el hombre levanta el corazón hacia el paraíso y entra en conversación con el Creador del universo, con la Causa primera de 
todo, con Dios. Toda buena madre se alegra mucho cuando el hijo le pide algo, pues ello es la expresión de la confianza del hijo en la bondad de su propia madre. Del mismo modo, Dios reconoce con alegría la confianza que nosotros le manifestamos en la oración. Esta oración no debe expresarse en forma rígidamente establecida. Su esencia es la petición, la acción de gracias o la adoración expresada a Dios. El que no ora no entiende fácilmente el espíritu de oración. Además, no puede darse cuenta de la felicidad que la oración ofrece al alma, de la energía que comunica en la vida de cada día. 

La oración es un medio desconocido, y sin embargo el más eficaz para restablecer la paz en las almas, para proporcionarles la felicidad, ya que sirve para acercarlas al amor de Dios. La oración hace renacer el mundo. La oración es la condición indispensable para la regeneración y la vida de cada alma. Oremos bien, oremos mucho, tanto con los labios como con el pensamiento y experimentaremos en nosotros mismos cómo la Inmaculada se adueñará cada vez más de nosotros, cómo nuestra pertenencia a Ella será cada vez más profunda en todos los aspectos, cómo nuestros pecados se desvanecerán y nuestros defectos se debilitarán, cómo nos acercaremos cada vez más a Dios con suavidad y fuerza. 

Cada hombre, pues, nace con capacidades proporcionadas a la misión a él confiada y, durante toda su vida, el ambiente, las circunstancias, todo contribuirá a hacerle fácil y posible el cumplimiento de esa misión. Y en ese cumplimiento de su objetivo consiste precisamente toda la perfección del hombre; y cuanto mayor es la precisión con que realiza su propia tarea, cuanto más perfectamente cumple su misión, tanto más grande y santo es a los ojos de Dios. 

lunes, 13 de agosto de 2012

A la hora que menos lo pensemos, se presentará el Señor



Señor, si dices que vigilemos y estemos preparados, es porque a la hora que menos lo pensemos, te presentarás Tú. Así quieres que estemos siempre dispuestos al combate y que en todo momento practiquemos la virtud. Es como
 si dijeras: Si el vulgo de las gentes supieran cuándo había de morir, para aquel día absolutamente reservarían su fervor. Así, pues, para que no limiten su fervor a ese día, no revelas ni el común ni el propio de cada uno, pues quieres que te estemos siempe esperando y seamos siempre fervorosos. De ahí que dejaste también en la incertidumbre el fin de cada uno. Sabiendo que has de venir infaliblemente, haz que vigilemos y estemos preparados, a fin de que no nos lleven desapercibidos de este mundo.

Señor, Tú exiges de tu siervo prudencia y fidelidad. Lo llamas "leal", porque no sisó nada ni nada dilapidó vana y neciamente de los bienes de su señor; lo llamas "prudente", porque supo administrar como debía lo que se le había confiado. Haznos también a nosotros, Señor, siervos leales y prudentes, para que no usurpemos nada de cuanto te pertenece y administremos convenientemente tus bienes.

San Juan Crisóstomo

miércoles, 8 de agosto de 2012

Santo Domingo de Guzmán


La vida de Domingo era tan virtuosa y el fervor de su espíritu tan grande, que todos veían en él un instrumento elegido para la gloria divina. Estaba dotado de una firme ecuanimidad de espíritu, ecuanimidad que sólo logra
ban perturbar los sentimientos de compasión o de misericordia; y, como es norma constante que un corazón alegre se refleja en la faz, su porte exterior, siempre gozoso y afable, revelaba la placidez y armonía de su espíritu.
Foto: MINUTO DE ORACIÓN

La vida de Domingo era tan virtuosa y el fervor de su espíritu tan grande, que todos veían en él un instrumento elegido para la gloria divina. Estaba dotado de una firme ecuanimidad de espíritu, ecuanimidad que sólo lograban perturbar los sentimientos de compasión o de misericordia; y, como es norma constante que un corazón alegre se refleja en la faz, su porte exterior, siempre gozoso y afable, revelaba la placidez y armonía de su espíritu.

En todas partes, se mostraba, de palabra y de obra, como hombre evangélico. De día, con sus hermanos y compañeros, nadie más comunicativo y alegre que él. De noche, nadie más constante que él en vigilias y oraciones de todo género. Raramente hablaba, a no ser con Dios, en la oración, o de Dios, y esto mismo aconsejaba a sus hermanos.

Con frecuencia, pedía a Dios una cosa: que le concediera una auténtica caridad, que le hiciera preocuparse de un modo efectivo en la salvación de los hombres, consciente de que la primera condición para ser verdaderamente miembro de Cristo era darse totalmente y con todas sus energías a ganar almas para Cristo, del mismo modo que el Señor Jesús, salvador de todos, ofreció toda su persona por nuestra salvación. Con este fin, instituyó la Orden de Predicadores, realizando así un proyecto sobre el que había reflexionado profundamente desde hacía ya tiempo.

Con frecuencia, exhortaba, de palabra o por carta, a los hermanos de la mencionada Orden, a que estudiaran constantemente el nuevo y el antiguo Testamento. Llevaba siempre consigo el evangelio de san Mateo y las cartas de san Pablo, y las estudiaba intensamente, de tal modo que casi las sabía de memoria.

Dos o tres veces fue elegido obispo, pero siempre rehusó, prefiriendo vivir en la pobreza, junto con sus hermanos, que poseer un obispado. Hasta el fin de su vida, conservó intacta la gloria de la virginidad. Deseaba ser flagelado, despedazado y morir por la fe cristiana. De él afirmó el papa Gregorio noveno: «Conocí a un hombre tan fiel seguidor de las normas apostólicas, que no dudo que en el cielo ha sido asociado a la gloria de los mismos apóstoles».
En todas partes, se mostraba, de palabra y de obra, como hombre evangélico. De día, con sus hermanos y compañeros, nadie más comunicativo y alegre que él. De noche, nadie más constante que él en vigilias y oraciones de todo género. Raramente hablaba, a no ser con Dios, en la oración, o de Dios, y esto mismo aconsejaba a sus hermanos.

Con frecuencia, pedía a Dios una cosa: que le concediera una auténtica caridad, que le hiciera preocuparse de un modo efectivo en la salvación de los hombres, consciente de que la primera condición para ser verdaderamente miembro de Cristo era darse totalmente y con todas sus energías a ganar almas para Cristo, del mismo modo que el Señor Jesús, salvador de todos, ofreció toda su persona por nuestra salvación. Con este fin, instituyó la Orden de Predicadores, realizando así un proyecto sobre el que había reflexionado profundamente desde hacía ya tiempo.

Con frecuencia, exhortaba, de palabra o por carta, a los hermanos de la mencionada Orden, a que estudiaran constantemente el nuevo y el antiguo Testamento. Llevaba siempre consigo el evangelio de san Mateo y las cartas de san Pablo, y las estudiaba intensamente, de tal modo que casi las sabía de memoria.

Dos o tres veces fue elegido obispo, pero siempre rehusó, prefiriendo vivir en la pobreza, junto con sus hermanos, que poseer un obispado. Hasta el fin de su vida, conservó intacta la gloria de la virginidad. Deseaba ser flagelado, despedazado y morir por la fe cristiana. De él afirmó el papa Gregorio noveno: «Conocí a un hombre tan fiel seguidor de las normas apostólicas, que no dudo que en el cielo ha sido asociado a la gloria de los mismos apóstoles».

martes, 7 de agosto de 2012

La Eucaristía

Es misterio
Es sacramento
Es sacrificio
Como misterio, se cree
Como sacramento, se recibe
Como sacrificio, se ofrece.
Se propone al entendimiento como misterio.
Se da al alma como alimento
Se ofrece a Dios como homenaje
Como misterio, anonada.
Como sacramento, alimenta
Como sacrificio, redime.
Como misterio, es admirable.
Como sacramento, es deleitable.
Como sacrificio, es inefable.
Como misterio, es impenetrable.
Como sacramento, es presencia real.
Como sacrificio, alimenta.
Como misterio, es impenetrable.
Como sacramento, es sabrosísimo.
Como sacrificio, es valiosísimo.
Como misterio, debo meditarlo.
Como sacramento, debo gustarlo.
Como sacrificio, debo apreciarlo sobre todo.
Es misterio de fe. Debo creerlo.
Es sacramento de amor. Debo amarlo.
Es sacrificio de Dios. Debo confiar en él.
Como misterio se esconde.. en el Sagrario.
Como sacramento, alimenta.. es convite, es comunión.
Como sacrificio, se inmola... es víctima.. es la Santa Misa.

¡Oh Misterio Adorable! El Sagrario será mi refugio.
¡Oh Sacramento Dulcísimo! Comulgar será mi mayor deseo.
¡Oh Sacrificio Estupendo! La misa será mi prioridad de vida.

lunes, 6 de agosto de 2012

La verdad y la parábola



"Hace mucho tiempo andaba Verdad por las calles, en los pueblos, tratando de hablar con la gente, pero la gente no la quería; la despreciaban por las ropas que llevaba. Verdad andaba vestida sencilla, sin lujos, sin pretensiones. ¡Es tan simple y pura!

Verdad intentaba acercarse a la gente, entrar en sus hogares, pero siempre era despreciada y humillada, pues nadie soportaba su presencia tan sencilla.

Un dia andaba Verdad caminando, llorando y muy triste por todo eso, cuando, de repente, se encuentra a alguien que venía muy alegre, divertida, vestida con colores muy llamativos y elegantes y que toda la gente la saludaba. Era Parábola.

Cuando Parábola ve a Verdad se dirige a ella y le pregunta:

- ¿Verdad, por qué lloras?

Verdad le responde:

- La gente me desprecia y me humilla. Nadie me quiere ni me acepta en sus casas. 
 Debo de ser muy vieja y fea ya que la gente me evita y huye de mí. 

- ¡Qué disparate! - dijo Parábola, riendo. No es por eso que la gente te evita. Toma, ponte una de mis ropas y fíjate lo que pasa …

Entonces, Verdad se puso una de las lindas prendas de Parábola. Y, de repente, en todos los lugares por donde pasaba, era bienvenida!"

Moraleja:

A las personas no les gusta encarar a la Verdad sin adornos … Ellas la prefieren disfrazada.

(Autor desconocido)

"Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8, 32)

domingo, 5 de agosto de 2012

El amor no lleva cuentas del mal



"Después de la transgresión de Adán, los pensamientos del alma, lejos del amor de Dios, se dispersaron y se mezclaron con pensamientos materiales y terrestres. Porque Adán, por su pecado, recibió en sí mismo la levadura de las malas tendencias y, así, por participación, todos los nacidos de él y de toda la raza de Adán tienen parte en esta levadura. Seguidamente, las malas disposiciones crecieron y se desarrollaron entre los hombres hasta el punto que llegaron a toda clase de desórdenes. Finalmente, la humanidad entera se vio penetrada de la levadura de la malicia.


De manera análoga, durante su estancia en la tierra, el Señor quiso sufrir por todos los hombres, rescatarlos con su propia sangre, introducir la levadura celeste de su bondad en las almas de los creyentes humillados bajo el yugo del pecado. Quiso perfeccionar en estas almas la justicia de los preceptos y de todas las virtudes hasta que, penetradas de esta levadura, se unieran para el bien y formaran 'un sólo espíritu con el Señor'. El alma que está totalmente penetrada de la levadura del Espíritu Santo ya no puede albergar el mal y la malicia, tal como está escrito: 'El amor no lleva cuentas del mal'. Sin esta levadura celeste, sin la fuerza del Espíritu Santo, es imposible que el alma sea trabajada por la dulzura del Señor y llegue a la levadura verdadera".



San Macario

sábado, 4 de agosto de 2012

El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús



“El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús.”

 “Un buen pastor, un pastor según el Corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina.”

 “¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría… Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia…”

 “Si desapareciese el sacramento del Orden, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacidos? El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si esta alma llegase a morir [a causa del pecado], ¿quién la resucitará y le dará el descanso y la paz? También el sacerdote… ¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo!... Él mismo sólo lo entenderá en el cielo”. 

“Si comprendiéramos bien lo que representa un sacerdote sobre la tierra, moriríamos: no de pavor, sino de amor… El sacerdote continúa la obra de la redención sobre la tierra… ¿De qué nos serviría una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: él es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes… Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias… El sacerdote no es sacerdote para sí mismo, sino para vosotros”.

El Santo Cura de Ars enseñaba a sus parroquianos sobre todo con el testimonio de su vida. De su ejemplo aprendían los fieles a orar, acudiendo con gusto al sagrario para hacer una visita a Jesús Eucaristía:

“Sabemos que Jesús está allí, en el sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración”. “No hay necesidad de hablar mucho para orar bien”

“Venid a comulgar, hijos míos, venid donde Jesús. Venid a vivir de Él para poder vivir con Él…”. “Es verdad que no sois dignos, pero lo necesitáis”.

La educación de los fieles en la presencia eucarística y en la comunión era particularmente eficaz cuando lo veían celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. Los que asistían decían que “no se podía encontrar una figura que expresase mejor la adoración… Contemplaba la hostia con amor”. Él les decía:

“Todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios”. 

“La causa de la relajación del sacerdote es que descuida la Misa. Dios mío, ¡qué pena el sacerdote que celebra como si estuviese haciendo algo ordinario!”. 

“¡Cómo aprovecha a un sacerdote ofrecerse a Dios en sacrificio todas las mañanas!”.

Santo Cura de Ars

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