martes, 14 de agosto de 2012

La oración es el medio más eficaz para restablecer la paz en las almas



Todas las actividades humanas están dirigidas a la madre tierra. Sólo en el momento de la oración el hombre levanta el corazón hacia el paraíso y entra en conversación con el Creador del universo, con la Causa primera de 
todo, con Dios. Toda buena madre se alegra mucho cuando el hijo le pide algo, pues ello es la expresión de la confianza del hijo en la bondad de su propia madre. Del mismo modo, Dios reconoce con alegría la confianza que nosotros le manifestamos en la oración. Esta oración no debe expresarse en forma rígidamente establecida. Su esencia es la petición, la acción de gracias o la adoración expresada a Dios. El que no ora no entiende fácilmente el espíritu de oración. Además, no puede darse cuenta de la felicidad que la oración ofrece al alma, de la energía que comunica en la vida de cada día. 

La oración es un medio desconocido, y sin embargo el más eficaz para restablecer la paz en las almas, para proporcionarles la felicidad, ya que sirve para acercarlas al amor de Dios. La oración hace renacer el mundo. La oración es la condición indispensable para la regeneración y la vida de cada alma. Oremos bien, oremos mucho, tanto con los labios como con el pensamiento y experimentaremos en nosotros mismos cómo la Inmaculada se adueñará cada vez más de nosotros, cómo nuestra pertenencia a Ella será cada vez más profunda en todos los aspectos, cómo nuestros pecados se desvanecerán y nuestros defectos se debilitarán, cómo nos acercaremos cada vez más a Dios con suavidad y fuerza. 

Cada hombre, pues, nace con capacidades proporcionadas a la misión a él confiada y, durante toda su vida, el ambiente, las circunstancias, todo contribuirá a hacerle fácil y posible el cumplimiento de esa misión. Y en ese cumplimiento de su objetivo consiste precisamente toda la perfección del hombre; y cuanto mayor es la precisión con que realiza su propia tarea, cuanto más perfectamente cumple su misión, tanto más grande y santo es a los ojos de Dios. 

lunes, 13 de agosto de 2012

A la hora que menos lo pensemos, se presentará el Señor



Señor, si dices que vigilemos y estemos preparados, es porque a la hora que menos lo pensemos, te presentarás Tú. Así quieres que estemos siempre dispuestos al combate y que en todo momento practiquemos la virtud. Es como
 si dijeras: Si el vulgo de las gentes supieran cuándo había de morir, para aquel día absolutamente reservarían su fervor. Así, pues, para que no limiten su fervor a ese día, no revelas ni el común ni el propio de cada uno, pues quieres que te estemos siempe esperando y seamos siempre fervorosos. De ahí que dejaste también en la incertidumbre el fin de cada uno. Sabiendo que has de venir infaliblemente, haz que vigilemos y estemos preparados, a fin de que no nos lleven desapercibidos de este mundo.

Señor, Tú exiges de tu siervo prudencia y fidelidad. Lo llamas "leal", porque no sisó nada ni nada dilapidó vana y neciamente de los bienes de su señor; lo llamas "prudente", porque supo administrar como debía lo que se le había confiado. Haznos también a nosotros, Señor, siervos leales y prudentes, para que no usurpemos nada de cuanto te pertenece y administremos convenientemente tus bienes.

San Juan Crisóstomo

miércoles, 8 de agosto de 2012

Santo Domingo de Guzmán


La vida de Domingo era tan virtuosa y el fervor de su espíritu tan grande, que todos veían en él un instrumento elegido para la gloria divina. Estaba dotado de una firme ecuanimidad de espíritu, ecuanimidad que sólo logra
ban perturbar los sentimientos de compasión o de misericordia; y, como es norma constante que un corazón alegre se refleja en la faz, su porte exterior, siempre gozoso y afable, revelaba la placidez y armonía de su espíritu.
Foto: MINUTO DE ORACIÓN

La vida de Domingo era tan virtuosa y el fervor de su espíritu tan grande, que todos veían en él un instrumento elegido para la gloria divina. Estaba dotado de una firme ecuanimidad de espíritu, ecuanimidad que sólo lograban perturbar los sentimientos de compasión o de misericordia; y, como es norma constante que un corazón alegre se refleja en la faz, su porte exterior, siempre gozoso y afable, revelaba la placidez y armonía de su espíritu.

En todas partes, se mostraba, de palabra y de obra, como hombre evangélico. De día, con sus hermanos y compañeros, nadie más comunicativo y alegre que él. De noche, nadie más constante que él en vigilias y oraciones de todo género. Raramente hablaba, a no ser con Dios, en la oración, o de Dios, y esto mismo aconsejaba a sus hermanos.

Con frecuencia, pedía a Dios una cosa: que le concediera una auténtica caridad, que le hiciera preocuparse de un modo efectivo en la salvación de los hombres, consciente de que la primera condición para ser verdaderamente miembro de Cristo era darse totalmente y con todas sus energías a ganar almas para Cristo, del mismo modo que el Señor Jesús, salvador de todos, ofreció toda su persona por nuestra salvación. Con este fin, instituyó la Orden de Predicadores, realizando así un proyecto sobre el que había reflexionado profundamente desde hacía ya tiempo.

Con frecuencia, exhortaba, de palabra o por carta, a los hermanos de la mencionada Orden, a que estudiaran constantemente el nuevo y el antiguo Testamento. Llevaba siempre consigo el evangelio de san Mateo y las cartas de san Pablo, y las estudiaba intensamente, de tal modo que casi las sabía de memoria.

Dos o tres veces fue elegido obispo, pero siempre rehusó, prefiriendo vivir en la pobreza, junto con sus hermanos, que poseer un obispado. Hasta el fin de su vida, conservó intacta la gloria de la virginidad. Deseaba ser flagelado, despedazado y morir por la fe cristiana. De él afirmó el papa Gregorio noveno: «Conocí a un hombre tan fiel seguidor de las normas apostólicas, que no dudo que en el cielo ha sido asociado a la gloria de los mismos apóstoles».
En todas partes, se mostraba, de palabra y de obra, como hombre evangélico. De día, con sus hermanos y compañeros, nadie más comunicativo y alegre que él. De noche, nadie más constante que él en vigilias y oraciones de todo género. Raramente hablaba, a no ser con Dios, en la oración, o de Dios, y esto mismo aconsejaba a sus hermanos.

Con frecuencia, pedía a Dios una cosa: que le concediera una auténtica caridad, que le hiciera preocuparse de un modo efectivo en la salvación de los hombres, consciente de que la primera condición para ser verdaderamente miembro de Cristo era darse totalmente y con todas sus energías a ganar almas para Cristo, del mismo modo que el Señor Jesús, salvador de todos, ofreció toda su persona por nuestra salvación. Con este fin, instituyó la Orden de Predicadores, realizando así un proyecto sobre el que había reflexionado profundamente desde hacía ya tiempo.

Con frecuencia, exhortaba, de palabra o por carta, a los hermanos de la mencionada Orden, a que estudiaran constantemente el nuevo y el antiguo Testamento. Llevaba siempre consigo el evangelio de san Mateo y las cartas de san Pablo, y las estudiaba intensamente, de tal modo que casi las sabía de memoria.

Dos o tres veces fue elegido obispo, pero siempre rehusó, prefiriendo vivir en la pobreza, junto con sus hermanos, que poseer un obispado. Hasta el fin de su vida, conservó intacta la gloria de la virginidad. Deseaba ser flagelado, despedazado y morir por la fe cristiana. De él afirmó el papa Gregorio noveno: «Conocí a un hombre tan fiel seguidor de las normas apostólicas, que no dudo que en el cielo ha sido asociado a la gloria de los mismos apóstoles».

martes, 7 de agosto de 2012

La Eucaristía

Es misterio
Es sacramento
Es sacrificio
Como misterio, se cree
Como sacramento, se recibe
Como sacrificio, se ofrece.
Se propone al entendimiento como misterio.
Se da al alma como alimento
Se ofrece a Dios como homenaje
Como misterio, anonada.
Como sacramento, alimenta
Como sacrificio, redime.
Como misterio, es admirable.
Como sacramento, es deleitable.
Como sacrificio, es inefable.
Como misterio, es impenetrable.
Como sacramento, es presencia real.
Como sacrificio, alimenta.
Como misterio, es impenetrable.
Como sacramento, es sabrosísimo.
Como sacrificio, es valiosísimo.
Como misterio, debo meditarlo.
Como sacramento, debo gustarlo.
Como sacrificio, debo apreciarlo sobre todo.
Es misterio de fe. Debo creerlo.
Es sacramento de amor. Debo amarlo.
Es sacrificio de Dios. Debo confiar en él.
Como misterio se esconde.. en el Sagrario.
Como sacramento, alimenta.. es convite, es comunión.
Como sacrificio, se inmola... es víctima.. es la Santa Misa.

¡Oh Misterio Adorable! El Sagrario será mi refugio.
¡Oh Sacramento Dulcísimo! Comulgar será mi mayor deseo.
¡Oh Sacrificio Estupendo! La misa será mi prioridad de vida.

lunes, 6 de agosto de 2012

La verdad y la parábola



"Hace mucho tiempo andaba Verdad por las calles, en los pueblos, tratando de hablar con la gente, pero la gente no la quería; la despreciaban por las ropas que llevaba. Verdad andaba vestida sencilla, sin lujos, sin pretensiones. ¡Es tan simple y pura!

Verdad intentaba acercarse a la gente, entrar en sus hogares, pero siempre era despreciada y humillada, pues nadie soportaba su presencia tan sencilla.

Un dia andaba Verdad caminando, llorando y muy triste por todo eso, cuando, de repente, se encuentra a alguien que venía muy alegre, divertida, vestida con colores muy llamativos y elegantes y que toda la gente la saludaba. Era Parábola.

Cuando Parábola ve a Verdad se dirige a ella y le pregunta:

- ¿Verdad, por qué lloras?

Verdad le responde:

- La gente me desprecia y me humilla. Nadie me quiere ni me acepta en sus casas. 
 Debo de ser muy vieja y fea ya que la gente me evita y huye de mí. 

- ¡Qué disparate! - dijo Parábola, riendo. No es por eso que la gente te evita. Toma, ponte una de mis ropas y fíjate lo que pasa …

Entonces, Verdad se puso una de las lindas prendas de Parábola. Y, de repente, en todos los lugares por donde pasaba, era bienvenida!"

Moraleja:

A las personas no les gusta encarar a la Verdad sin adornos … Ellas la prefieren disfrazada.

(Autor desconocido)

"Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8, 32)

domingo, 5 de agosto de 2012

El amor no lleva cuentas del mal



"Después de la transgresión de Adán, los pensamientos del alma, lejos del amor de Dios, se dispersaron y se mezclaron con pensamientos materiales y terrestres. Porque Adán, por su pecado, recibió en sí mismo la levadura de las malas tendencias y, así, por participación, todos los nacidos de él y de toda la raza de Adán tienen parte en esta levadura. Seguidamente, las malas disposiciones crecieron y se desarrollaron entre los hombres hasta el punto que llegaron a toda clase de desórdenes. Finalmente, la humanidad entera se vio penetrada de la levadura de la malicia.


De manera análoga, durante su estancia en la tierra, el Señor quiso sufrir por todos los hombres, rescatarlos con su propia sangre, introducir la levadura celeste de su bondad en las almas de los creyentes humillados bajo el yugo del pecado. Quiso perfeccionar en estas almas la justicia de los preceptos y de todas las virtudes hasta que, penetradas de esta levadura, se unieran para el bien y formaran 'un sólo espíritu con el Señor'. El alma que está totalmente penetrada de la levadura del Espíritu Santo ya no puede albergar el mal y la malicia, tal como está escrito: 'El amor no lleva cuentas del mal'. Sin esta levadura celeste, sin la fuerza del Espíritu Santo, es imposible que el alma sea trabajada por la dulzura del Señor y llegue a la levadura verdadera".



San Macario

sábado, 4 de agosto de 2012

El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús



“El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús.”

 “Un buen pastor, un pastor según el Corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina.”

 “¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría… Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia…”

 “Si desapareciese el sacramento del Orden, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacidos? El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si esta alma llegase a morir [a causa del pecado], ¿quién la resucitará y le dará el descanso y la paz? También el sacerdote… ¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo!... Él mismo sólo lo entenderá en el cielo”. 

“Si comprendiéramos bien lo que representa un sacerdote sobre la tierra, moriríamos: no de pavor, sino de amor… El sacerdote continúa la obra de la redención sobre la tierra… ¿De qué nos serviría una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: él es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes… Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias… El sacerdote no es sacerdote para sí mismo, sino para vosotros”.

El Santo Cura de Ars enseñaba a sus parroquianos sobre todo con el testimonio de su vida. De su ejemplo aprendían los fieles a orar, acudiendo con gusto al sagrario para hacer una visita a Jesús Eucaristía:

“Sabemos que Jesús está allí, en el sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración”. “No hay necesidad de hablar mucho para orar bien”

“Venid a comulgar, hijos míos, venid donde Jesús. Venid a vivir de Él para poder vivir con Él…”. “Es verdad que no sois dignos, pero lo necesitáis”.

La educación de los fieles en la presencia eucarística y en la comunión era particularmente eficaz cuando lo veían celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. Los que asistían decían que “no se podía encontrar una figura que expresase mejor la adoración… Contemplaba la hostia con amor”. Él les decía:

“Todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios”. 

“La causa de la relajación del sacerdote es que descuida la Misa. Dios mío, ¡qué pena el sacerdote que celebra como si estuviese haciendo algo ordinario!”. 

“¡Cómo aprovecha a un sacerdote ofrecerse a Dios en sacrificio todas las mañanas!”.

Santo Cura de Ars

viernes, 3 de agosto de 2012

Virginidad de María obliga al ser humano a reconsiderar virtud de la castidad

Año de la Fe: Virginidad de María obliga al ser humano a reconsiderar virtud de la castidad



REDACCIÓN CENTRAL, 03 Ago. 12 / 12:05 pm (ACI).- "La misteriosa y virginal castidad de María nos obliga, a nosotros que somos sus hijos espirituales, a reconsiderar bajo su inspiración nuestra propia práctica de la virtud de castidad en pensamientos, deseos, miradas, palabras y actos", afirma el jesuita Bertrand de Margerie en uno de los textos recogidos por la Enciclopedia Católica sobre el Corazón de María y que ACI Prensa pone a su disposición por el Año de la Fe.

En el texto titulado "Corazón de María: Virginal", el religioso –que falleció en 2003–, señaló que "la virginidad de María, perpetua y física, es una decisión libre de su Corazón Inmaculado obrada por el Espíritu (…), una opción reparadora en favor del pueblo de Dios".

"La joven Israelita inmaculada, conocedora de las Escrituras y no menos de los cánticos del Servidor que del cántico de Ana, había optado voluntariamente por la virginidad de una manera sacrificial, frente al pecado del mundo y al orgullo que acompaña a menudo la generación carnal", añadió.

En ese sentido, explicó que "María se compara con Ana", pues su humillación de virgen es análoga a la esterilidad de Ana. "En auténtica mentalidad judía, ella no consideraba a la virginidad como un título de gloria, sino como un anonadamiento, una forma de indigencia, una condición humillada (…). Desde la óptica de Lucas 1-2, la virginidad de María es, por tanto, pobreza total; privación no sólo de los bienes mundanos sino inclusive de aquel que concedía a las mujeres, en Israel, el derecho al respeto".
En su texto, el jesuita aclaró que la sexualidad humana no es negativa, pues la distinción de sexos responde a una sabia disposición de Dios, "preocupado por conservar con vida a la humanidad, por medio de su propia colaboración, justamente a través de una diferenciación sexual".

"El Concilio Vaticano II nos habla a la vez del carácter sexual y del misterio de la persona humana. Cada persona humana es un misterio, en el sentido que el alma humana está llamada a la visión beatífica del Creador y que el cuerpo humano está destinado a una vida inmortal. Podemos decir, entonces, que la sexualidad psíquica y psicológica de María pertenecen al misterio de su persona", explicó.

Finalmente, Bertrand de Margerie afirmó que la misteriosa y virginal castidad de María obliga a los seres humanos a reconsiderar la práctica de la virtud de castidad en pensamientos, deseos, miradas, palabras y actos.

"Bajo la luz destellante de la castidad inmaculada de María, comprendemos mejor estas verdades: la lujuria, idolatría del cuerpo, desprecia simultáneamente los derechos del Creador y la ardiente aspiración del cuerpo mismo, destinado a la resurrección gloriosa por el Hijo de Dios".

"La lujuria en pensamientos y en actos es, sin duda, la forma más común del ateísmo práctico de muchos cristianos nominales (…). Muchos se dicen hijos e hijas de María, su Señora, y sin embargo reniegan de ella por la voluntaria impureza de su imaginación y de su comportamiento".

Ante esta debilidad de los hombres, señala, aparece María para interceder y preservar a sus hijos espirituales de la desesperación. "Hija de Adán por naturaleza, María reparó por su pureza el pecado de la primera mujer; descendiente de Abrahám por su fe, fue confiando que ella concibió al Hijo de Dios", culminó el texto.

jueves, 2 de agosto de 2012

La Santa Misa


"Cada Santa Misa, escuchada con devoción, produce en nuestras almas efectos maravillosos, abundantes gracias espirituales y materiales que, nosotros mismos, no sabemos...¡Es más fácil que la tierra exista sin el sol que sin el Santo Sacrificio de la Misa!"

Padre Pío

miércoles, 1 de agosto de 2012

Virgen Santísima Inmaculada y Madre mía, María


Virgen Santísima Inmaculada y Madre mía María, a Vos, que sois la Madre de mi Señor, la Reina del mundo, la abogada, la esperanza, el refugio de los pecadores, acudo en este día yo, que soy el más miserable de todos. Os venero, ¡oh gran Reina!, y os doy las gracias por todos los favores que hasta ahora me habéis hecho, especialmente por haberme librado del infierno, que tantas veces he merecido. Os amo, Señora amabilísima, y por el amor que os tengo prometo serviros siempre y hacer cuanto pueda para que también seáis amada de los demás. Pongo en vuestras manos toda mi esperanza, toda mi salvación; admitidme por siervo vuestro, y acogedme bajo vuestro manto, Vos, ¡oh Madre de misericordia! Y ya que sois tan poderosa ante Dios, libradme de todas las tentaciones o bien alcanzadme fuerzas para vencerlas hasta la muerte. Os pido un verdadero amor a Jesucristo. Espero de vos tener una buena muerte; Madre mía, por el amor que tenéis a Dios os ruego que siempre me ayudéis, pero más en el último instante de mi vida. No me dejéis hasta que me veáis salvo en el cielo para bendeciros y cantar vuestras misericordias por toda la eternidad. Así lo espero. Amén.


San Alfonso María de Ligorio
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