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domingo, 30 de marzo de 2014

"He aquí este Corazón que ama tanto y, a cambio, es tan poco amado"


 "Para alimentar espiritualmente a los hambrientos hijos de Su Padre, Jesús se convierte en el Pan Vivo bajado del cielo.  Él no es retribuido con agradecimiento y adoración... Él se describe a Si mismo como un Prisionero de Amor. Esto es lo que Jesús mismo le reveló a Santa Margarita María.  Ella estaba orando cuando Él se le apareció en el Santísimo Sacramento y le dijo: "He aquí este Corazón que ama tanto y, a cambio, es tan poco amado".  Le explicó que las espinas alrededor de Su Corazón eran un símbolo del dolor que Él sufre por la ingratitud e indiferencia de Sus sacerdotes y de Su pueblo a Su Amor en el Santísimo Sacramento.  Luego, Jesús le manifestó que Él sufría más por esta indiferencia e ingratitud de lo que sufrió durante su Pasión.

Por esta razón Jesús nos llama a cada uno de nosotros diciéndonos: "Tengo sed, una terrible sed de ser amado por ustedes en el Santísimo Sacramento".

El Santísimo Sacramento es el Sagrado Corazón de Jesús en medio de nosotros.  Hoy Él llora como lloró por Jerusalén. ¡Cuánto no desea Él reunir a cada uno de nosotros en Su Corazón, así como la gallina reúne a sus polluelos debajo de sus alas!

Cambia Su llanto en una sonrisa... Establece la adoración perpetua en tu parroquia y cambiarás las espinas de Su Corazón en muchas flores de consuelo.  Cada hora santa reparará toda la indiferencia e ingratitud del mundo. !Qué gracia tan grande!

Monseñor Pepe. Cartas a un hermano sacerdote. Adaptado.

domingo, 9 de febrero de 2014

La oración ante el Santísimo Sacramento nos da el conocimiento de Dios mismo


Santo Tomás antes de morir expresó que había aprendido más sobre Jesús en una hora santa ante el Santísimo Sacramento, que en todos los libros que había leído.  Descubrió más sobre Su Amor estando en Su Presencia Real, que en todo lo que había escrito.  Y todo lo que había escrito y dicho era tan insignificante como la paja, en comparación con el valor de un solo encuentro personal con Jesús en el Santísimo Sacramento.

    La teología es el estudio de Dios.  La oración ante el Santísimo Sacramento nos da el conocimiento de Dios mismo.  La primera es el estudio académico del amor.  La segunda, es la cálida experiencia del Amor Personificado.  Una es un libro acerca de la persona, mientras que la otra es esa persona diciéndonos directamente todo sobre sí misma.

  La Eucaristía no es una cosa sino una persona. A menos que reservemos tiempo para mantener una relación personal con Jesús en el Santísimo Sacramento, perderemos de vista la amorosa persona de Jesús en el Santísimo Sacramento y la Sagrada Eucaristía perderá su valor ante nuestros ojos.

Monseñor Pepe. Cartas a un heramano sacerdote. Adaptado

domingo, 26 de enero de 2014

Dichosos los que no han visto y han creído


"Quiero seguir escribiéndote hasta que, por la gracia de Dios, empieces a hacer una hora santa por día y tengas adoración perpetua en tu parroquia.

Es solo cuestión de fe. ¡Fe en que el Santísimo Sacramento es realmente la persona de Jesús, aquí con nosotros, en este mismo lugar y en este mismo momento!. Tomás no creyó que Jesús había resucitado. “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi mano en su costado no creeré” (Jn 20,25).

Por esta razón se le llama: “Tomás el incrédulo”. ¿Quien es hoy “Tomás el incrédulo”?. La gente cree en la resurrección, pero ¿sabe dónde vive el Señor resucitado? Hoy “Tomás el incrédulo” es aquel que no cree que el Santísimo Sacramento ES Jesús, nuestro Salvador Resucitado, con todo el poder de su Resurrección que derrama gracias abundantes sobre todos aquellos que se acercan a Su divina presencia!

Muchos dirán que “sí”, que creen en la presencia real. Pero la fe es mucho más que una aprobación intelectual. La fe es inseparable del modo de actuar. Si creemos que Jesús está presente en el Santísimo Sacramento, entonces actuamos de acuerdo a nuestra fe. Vamos a Él, nos acercamos a Él, corremos hacia Él. San Pablo dice “La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven” (Hb 11,1).

Si pudieras ver a Jesús en el Santísimo Sacramento, ¿no reservarías una hora todos los días para estar con Él? Si pudieras verLo como realmente es, ¿no tendrías adoración perpetua en tu parroquia? Sería imposible detenerlo, porque el mundo entero vendría día y noche a verLo y estar con Él. 

Imagínate lo que sucedería si Jesús se hiciera visible en el Santísimo Sacramento. Todo el mundo querría tomar el primer vuelo para ir a tu parroquia. Y, ¿no le diría Jesús, a cada uno, lo que le dijo al apóstol Tomás: Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído (Jn 20,29). 
Jesús se aparece a Tomás para que éste pueda creer que Cristo ha resucitado. La maravilla más grande de Su Amor es que Él no se te aparezca a ti, mi querido amigo.

En lugar de eso, Jesús te espera en el Santísimo Sacramento. Él quiere que vayas a Él por la fe, para que por toda la eternidad, te pueda llamar "DICHOSO". Su Amor es demasiado grande para decir: "Acerca aquí tu dedo y mira Mis manos; trae tu mano y métela en Mi costado y no seas incrédulo sino creyente" (Jn 20,27).

Cree que el Santísimo Sacramento es el mismo que dijo estas palabras a Tomás, el mismo Jesús que atravesó las puertas cerradas y que se presentó en medio de los apóstoles y les dijo: "La paz esté con vosotros".

Ésta es la paz que Jesús quiere que tengas en tus horas santas. La experiencia de esta paz es mejor que si Jesús te mostrara sus llagas. Sus llagas en el Santísimo Sacramento ya no son horribles. Son ahora la belleza del paraíso, brillan más gloriosamente que el sol; son fuente de gracia.

Jesús quiere darte la plenitud de estas gracias, por venir a Él por la fe. Por eso es mejor que Él no te muestre sus llagas visibles, como al apóstol Tomás, porque quiere derramar sobre ti las gracias invisibles de estas llagas con todo el mérito, toda la gloria, la belleza y el amor salvífico que emanan de ellas.

Con cada hora santa que hagas, le estás diciendo a Jesús: "Señor mío y Dios mío" (Jn 20,28). Y cada vez Él te dice: "Dichoso eres porque no has visto y has creído".

Fuente: Mons. Pepe. Cartas a un hermano sacerdote. Adaptado 

sábado, 11 de enero de 2014

Con ardiente amor y fervor de corazón, deseo recibirte, Señor


Con la mayor devoción y ardiente amor, con todo afecto y fervor de corazón deseo recibirte, Señor, tal como desearon recibirte en la comunión muchos santos y personas devotas que te complacieron por su santidad de vida y tuvieron muy ardiente devoción. Dios mío, Amor eterno, todo mi Bien, Felicidad interminable, ansío recibirte con vehementísimo deseo y dignísimo respeto tal como jamás algún santo tuvo o pudo sentir.

Y aunque soy indigno de tener todos estos sentimientos de devoción, sin embargo te ofrezco todo el afecto de mi corazón como si solamente yo pudiera tener todos estos gratísimos deseos inflamados. Pero todo cuanto puede concebir y desear una mente piadosa, te lo presento y ofrezco con sumo respeto e íntimo fervor. Nada deseo reservar para mí sino inmolarte espontánea y gustosamente a mí mismo y todo lo mío. Señor Dios mío, Creador mío y Redentor mío, Con el mismo afecto, respeto, alabanza y honor; con la misma gratitud y amor; con la misma fe, esperanza y caridad deseo hoy recibirte como te recibió y deseó tu Santísima Madre, la gloriosa Virgen María, cuando le respondió humilde y devotamente al mensajero que le anunciaba el misterio de Encarnación: He aquí la esclava del Señor, suceda conmigo según tu palabra (Lc 1, 38).

Y como tu santo Precursor, excelentísimo santo, Juan el Bautista, saltó de júbilo en tu presencia en el gozo del Espíritu Santo, estando todavía dentro del seno materno y después de ver a Jesús caminando entre la multitud, humillándose mucho decía con devoto afecto: "El amigo del novio, que está ante él y le oye se alegra mucho al escuchar su voz" (Jn 3, 29), así yo quiero inflamarme con grandes y sagrados deseos y presentarme ante Ti de todo corazón. Por eso te ofrezco y dedico las alegrías íntimas de todas las personas devotas, sus ardientes afectos, sus ideas brillantes, sus inspiraciones sobrenaturales y visiones místicas con todas las virtudes y alabanzas que celebran todos los seres creados en el cielo y en la tierra, por mí y por todos los que se han encomendado a mis oraciones para que seas alabado dignamente por todos y seas glorificado perpetuamente.

Recibe mis promesas, Señor Dios mío, y los deseos de infinita alabanza e inmensa bendición que mereces justamente de acuerdo con la inmensidad de tu inexpresable grandeza. Esto ahora te ofrezco y ofreceré todos los días y en cada momento e invito y suplico a todos los espíritus del cielo juntamente con los fieles, con ruegos y afecto que se unan a mí para ofrecerte gratitud y alabanzas.

Todos los pueblos, las tribus y las razas te alaben y engrandezcan tu santo y dulce Nombre con la mayor alegría y ardiente devoción. Todos los que respetuosa y devotamente celebran tu altísimo Sacramento y lo reciben con plena fe, merezcan encontrar tu gracia y misericordia y rueguen por mí humildemente. Cuantos hayan podido disfrutar de la deseada devoción y unión, y se retiraron de la Sagrada Mesa llenos de consuelo y admirablemente reconfortados sírvanse acordarse de mí que soy pobre.

Fuente: Imitación de Cristo. Capítulo XVII. Recibir a Cristo con amor ardiente y vehemente afecto.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Jesús permanece día y noche en el Santísimo Sacramento por amor a ti


    "El gran obispo Fulton Sheen pasó por un periodo de aridez espiritual en el que rezar se le hacía muy difícil, se sentaba en la capilla sin decirle a Jesús una sola palabra.  Como el obispo pensaba que sus horas santas no eran agradables a Jesús se sentía muy desalentado.

    Entonces el obispo se acordó de algo. Su pequeño perro tampoco podía hablar.  Cuando el obispo se sentaba en su sillón para leer el periódico, su perro se sentaba en el suelo cerca de él haciéndole compañía.  Solo estando ahí, a su lado, el perro era para el obispo un gran consuelo y lo hacia muy feliz.

      Mientras que el obispo pensaba en esto, recibió una inspiración de Dios.  El obispo Sheen era un gran consuelo y muy agradable al Seifior por tan sólo estar ahí con Él en el Santísimo Sacramento, aunque como su perrito, no le decía nada a Jesús mientras permanecía junto a Él.

    Me encanta esta historia porque algo parecido le ocurrió a un Sacerdote amigo mío cuando yo era párroco en San Miguel.  Mi amigo estaba haciendo su hora santa en nuestra capilla de adoración perpetua.  Era un día terriblemente caluroso y se sentía tan cansado y agobiado por el calor que no podía rezar.  Sólo permanecer en la capilla en su hora representaba un gran esfuerzo.  Se preguntaba si esa hora tendría algún valor, cuando en ese momento entró un gatito blanco.

          Hacia tanto calor que alguien había dejado la puerta abierta.  Al principio mi amigo pensó cuanto odiaba a los gatos.  Luego observó como el gatito pasaba por cada uno de los bancos hasta llegar a la parte de atrás donde mi amigo estaba sentado.  El gatito se paró, miró a mi amigo, puso su cabeza sobre su zapato como si fuera su almohada y se acostó a dormir.
          Mi amigo se emocionó.  El gatito había elegido descansar su cabeza sobre su zapato.  Más tarde mi amigo oyó la siguiente inspiración tan fuerte como las campanas de la iglesia en domingo.  Si él que odia a los gatos estaba tan contento con uno que eligió estar con él, cuánto más encantado estará Jesús con nosotros, a los que ama infinitamente, cuando elegimos estar con Él.
          Mi amigo, al igual que el obispo Sheen, nunca más, se desanimó al sentir que no podía rezar.  El solo hecho de estar allí, es una oración de fe, es creer realmente que Jesús está ahí.  Es una oración de amor porque uno elige estar con aquellos a los que uno quiere, con los que uno verdaderamente ama.

          Jesús permanece día y noche en el Santísimo Sacramento por amor a ti, porque para Él, tú eres la persona más importante en el mundo.  Todo lo que está pidiendo es que tú reserves una hora diaria para Él."

Mons.  Pepe. Cartas a un Hermano Sacerdote.

domingo, 15 de diciembre de 2013

El obispo Fulton Sheen y su amor hacia Jesús Eucarístico



"El punto más importante de cada retiro o sermón predicado por el obispo Sheen, era estimular a cada persona a que se esforzara a hacer una hora santa diaria.  Antes de morir lo entrevistaron en la televisión.  Le preguntaron quién lo había inspirado: ¿un Papa, un cardenal, un obispo, un Sacerdote, o quizás una monja?

Él contestó que no.  Quien lo había inspirado a hacer una hora santa diaria fue una jovencita.  Cuando los comunistas se apoderaron de China entraron a una iglesia, arrestaron al Sacerdote y lo recluyeron en su propia casa convirtiéndola en su cárcel.  Luego fueron a la iglesia, destrozaron el Sagrario, tiraron las Sagradas Formas por el piso y se marcharon.

Ellos no vieron a una niña que estaba de rodillas en oración.  Era tan pequeña que ni la notaron.  Por la noche ella volvió en silencio, moviéndose sigilosamente pasó la guardia en la casa del Sacerdote, antes de entrar en la oscura y fría iglesia.

Una vez allí, rezó de rodillas una hora santa antes de ir a recibir a su Dios y Señor en la Santa Comunión.  En aquella época, la Comunión sólo se administraba en la boca y sólo estaba permitido recibirla una vez por día.

Esta fue la razón por la que la niña volvía todas las noches hasta que todas las hostias sagradas fueron consumidas.  Ella de rodillas se agachaba al suelo y recibía a Jesús en la lengua.  Todo esto fue presenciado por el párroco que la veía a la luz de la luna desde su ventana.

El Sacerdote sabía exactamente cuantas hostias había en el copón porque él mismo las había contado y consagrado.  Cuando la última hostia hubo sido consumida en la trigésima sexta    noche, la niña fue descubierta por los guardias en el momento en que se estaba retirando.  La apresaron y la mataron a golpes.

El Sacerdote sobrevivió para contar la historia.  El obispo Sheen escuchó esta historia cuando era seminarista y prometió a Dios hacer una hora santa durante todos los días de su vida sacerdotal, una promesa que mantuvo hasta que murió a la edad de ochenta y dos años.  Para ese entonces ya había inspirado a innumerables obispos y sacerdotes a hacer lo mismo.  Pocos saben que fue una persona joven la que lo inspiró."


Monseñor Pepe. Cartas a un hermano sacerdote. 

domingo, 1 de diciembre de 2013

Si supieras cuanto Jesús te ama en el Santísimo Sacramento...



"El Sacerdote más grande que jamás haya vivido decía la misma homilía todos los días, una y otra vez, y eran sólo dos líneas.  San Juan María Vianney predicaba lo mismo cada domingo: "Si sólo supieras cuanto Jesús te ama en el Santísimo Sacramento, te morirías de felicidad".  Después señalando hacia el Sagrario, agregaba "JESUS ESTÁ REALMENTE AHI".

La gente venía de todas partes de Francia para oírlo hablar, y cada domingo repetía lo mismo.  Al tomar conciencia del amor y la presencia de Jesús en el Santísimo Sacramento, se conmovía tan intensamente, hasta lo más profundo de su alma, que al apuntar al Sagrario para mostrarle a la gente que Jesús estaba realmente ahí, lloraba de alegría. Él pasaba largas horas cada día y cada noche orando ante el Santísimo Sacramento como también muchas horas en el confesionario.  San Juan María Vianney, el cura de Ars, fue proclamado por la Iglesia modelo y patrono de todos los sacerdotes.

Otro Sacerdote famoso que vivió en la misma época de San Juan Vianney, fue el padre Lacordiere.  Este Sacerdote fue el predicador más elocuente de su tiempo.  Cuando Él iba a predicar a la Iglesia de Notre Dame de Paris, el rey y la reina iban a oírlo y la catedral se llenaba.

Cierto día, alguien le preguntó si sentía gran satisfacción por ser un predicador tan popular.  Él contestó que no, porque cuando Él hablaba la gente decía cuan hábil e inteligente era.  Pero, cuando Juan Vianney hablaba todos decían qué bueno es Jesús! (...) Tratamos de impresionar a todos con nuestra inteligencia, teologizando todo, tanto que a la gente le resulta difícil entender lo que estamos tratando de decir!  !Lo que realmente debemos hacer es justamente decirle a la gente cuán bondadoso es Jesús en el Santísimo Sacramento!"  

 Mons.  Pepe. Cartas a un Hermano Sacerdote. 



lunes, 25 de noviembre de 2013

Jesús oculto en la Hostia es todo para mi


"Si no tuviera la Santa Comunión, caería continuamente; una sola cosa me sostiene y es la Santa Comunión. De ella tomo fuerza, en ella está mi fortaleza. (...) Jesús oculto en la Hostia es todo para mi. Del tabernáculo tomo fuerza, poder, valor, luz; es aquí donde busco alivio en los momentos de tormento. No sabria cómo glorificar a Dios si no tuviera la Eucaristía en mi corazón."

(Santa Faustina, Diario n° 1037)

lunes, 18 de marzo de 2013

¡Déjame ver tu grandeza, Señor!



Señor, me acaricias con la brisa,
me besas con la luz del sol,
me meces en las olas de Tus playas,
me mimas con las gotas de la lluvia
me consuelas con Tu Palabra,
me perdonas en el Sacramento
de la Reconciliación y me das vida
con la Eucaristía.

¡Si supiéramos la grandeza del Sagrario!
Te das por amor en la Eucaristía,
Te inmolas constantemente por mí.
Aumenta mi amor por Ti
Y déjame ver Tu grandeza
Y sentir Tu Amor.
¡Amém!

martes, 20 de noviembre de 2012

Actos de caridad


Te amo, Jesús mío, y te amo con todas las veras y como a nadie.
Porque Tú me has amado infinitamente.
Porque Tú me has amado desde la eternidad.
Porque Tú has muerto para salvarme.
Porque Tú no has podido amar más.
Porque Tú me has hecho participante de tu divinidad y quieres que lo sea de tu gloria.
Porque Tú te entregas del todo a mi en la Comunión.
Porque Tú me das en manjar tu Cuerpo y en bebida tu Sangre.
Porque Tú estás siempre por mi amor en la Santa Eucaristía.
Porque Tú me recibes siempre en audiencia sin hacerme esperar.
Porque Tú eres mi mayor Amigo.
Porque Tú me llenas de tus dones.
Porque Tú me tratas siempre muy bien, a pesar de mis pecados e ingratitudes.
Porque Tú me has enseñado que Dios es Padre que me ama mucho.
Porque Tú me has dado por Madre a tu misma Madre.

¡Dulce Corazón de Jesús, haz que te ame cada día más y más!
Dulce Corazón de Jesús, sé mi amor.

Te amo por los que no te aman.
Te amo por los que nunca piensan en Ti.
Te amo por los que no te visitan.
Te amo por los que te ofenden e injurian.
¡Que pena por esto!

Te amo y te digo con aquel tu siervo:
¡Oh Jesús, yo me entrego a Ti para unirme al amor eterno, inmenso e infinito que tienes a tu Padre celestial! ¡Oh Padre adorable! Te ofrezco el amor eterno, inmenso e infinito de tu amado Hijo Jesús, como mío que es. Te amo cuando tu Hijo te ama. (S. Juan Eudes). 

lunes, 12 de noviembre de 2012

Actos de esperanza



Espero en Ti, Jesús mío, porque eres mi Dios y me has creado para el cielo.
Espero en Ti, porque eres mi Padre. Todo lo he recibido de tu bondad. Sólo lo malo es mío.
Espero en Ti, porque eres mi Redentor.
Espero en Ti, porque eres mi Hermano y me has comunicado tu filiación divina.
Espero en Ti, porque eres mi Abogado que me defiendes ante el Padre.
Espero en Ti, porque eres mi Intercesor constante en la Eucaristía.
Espero en Ti, porque has conquistado el cielo con tu Pasión y muerte.
Espero en Ti, porque reparas mis deudas.
Espero en Ti, porque eres el verdadero Tesoro de las almas.
Espero en Ti, porque eres tan bueno que me mandas que confíe en Ti bajo pena de condenación eterna.
Espero en Ti, porque siempre me atiendes, y me consuelas, y nunca has defraudado mi esperanza.
¡Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío!

sábado, 10 de noviembre de 2012

Actos de fe


Creo, Jesús mío, que eres el Hijo de Dios vivo que has venido a salvarnos.
Creo que estás presente en el augusto Sacramento del Altar.
Creo que estás, por mi amor, en el Sagrario noche y día.
Creo que has de permanecer con nosotros hasta que se acabe el mundo.
Creo que bendices a los que te visitan, y que atiendes los ruegos de tus adoradores.
Creo que eres el viático de los moribundos que te aman para llevarlos al cielo.
Creo en Ti, y creo por los que no creen.

martes, 6 de noviembre de 2012

Actos de adoración a Jesús Sacramentado


Vengo, Jesús mío, a visitarte. 
Te adoro en el sacramento de tu amor. 
Te adoro en todos los sagrarios del mundo. 
Te adoro, sobre todo, en donde estás más abandonado y eres más ofendido. 
Te ofrezco todos los actos de adoración que has recibido desde la institución de este Sacramento y recibirás hasta el fin de los siglos. 
Te ofrezco principalmente las adoraciones de tu Santa Madre, de San Juan, tu discípulo amado, y de las almas más enamoradas de la Eucaristía. 

Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. 

Ángel de mi guarda, ve y visita en mi nombre todos los sagrarios del mundo. 
Di a Jesús cosas que yo no sé decirle, y pídele su bendición para mí. Amén.

jueves, 18 de octubre de 2012

Es hermoso estar con Él...




Es hermoso estar con Él y, reclinados sobre su pecho como el discípulo predilecto (cf. Jn 13, 25), palpar el amor infinito de su corazón. Si el cristianismo ha de distinguirse en nuestro tiempo sobre todo por el « arte de la oración », ¿cómo no sentir una renovada necesidad de estar largos ratos en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor, ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento? ¡Cuántas veces, mis queridos hermanos y hermanas, he hecho esta experiencia y en ella he encontrado fuerza, consuelo y apoyo!

Numerosos Santos nos han dado ejemplo de esta práctica, alabada y recomendada repetidamente por el Magisterio. De manera particular se distinguió por ella San Alfonso María de Ligorio, que escribió: « Entre todas las devociones, ésta de adorar a Jesús sacramentado es la primera, después de los sacramentos, la más apreciada por Dios y la más útil para nosotros ». La Eucaristía es un tesoro inestimable; no sólo su celebración, sino también estar ante ella fuera de la Misa, nos da la posibilidad de llegar al manantial mismo de la gracia.

Beato Juan Pablo II

Encíclica Ecclesia de Eucharistia. Disponible en:

http://www.vatican.va

domingo, 2 de septiembre de 2012

¿Me amas?


HABLA JESÚS: Si un hombre cualquiera de la tierra te hubiera hecho muchos menos beneficios de los que Yo te he hecho, le manifestarías tu agradecimiento, le visitarías algunas veces, te considerarías obligado a prestarle algunas atenciones. ¿Por qué no lo haces conmigo?¿No sabes que Yo soy tu Dios, tu Creador, tu Padre, tu Amigo tu Bienhechor? ¿No sabes que por tu amor, sí, sólo por tu amor, estoy en el Sagrario? Por lo menos tú ven a visitarme. Dime, ¿me amas? ¿Cómo te has portado hoy? ¿No te gusta estar aquí un rato haciéndome compañía? Ven, ven, que yo te diré lo que has de hacer y lo que has de evitar para agradarme y alcanzar la santidad.

sábado, 1 de septiembre de 2012

¿Queréis que el Señor os conceda muchas gracias?

"¿Queréis que el Señor os conceda muchas gracias? Visitadlo a menudo.

¿Queréis que os haga pocas? Visitadlo poco.

¿Queréis que el demonio os asalte? Visitad poco a Jesús sacramentado.

¿Queréis que huya de vosotros? Visitad a menudo a Jesús. 

¿Queréis vencer al demonio? Refugiaos con frecuencia a los pies de Jesús. 

¿Queréis ser vencidos? Dejad de visitar a Jesús.

Queridos míos, la visita a Jesús sacramentado es un medio muy necesario para vencer al demonio. 

Id, pues, a visitar con frecuencia a Jesús sacramentado y el demonio no podrá hacer nada contra vosotros.”

"No hay nada que el demonio tema más que estas dos cosas:

1. La Comunión bien hecha.
2. Las visitas a Jesús sacramentado"

"Propagad la devoción a Jesús sacramentado y a María auxiliadora y veréis lo que son milagros. Ayudad mucho a los niños pobres, a los enfermos, a los ancianos y a la gente más necesitada, y conseguiréis enormes bendiciones y ayudas de Dios. Os espero a todos en el paraíso."

San Juan Bosco

sábado, 25 de agosto de 2012

Consagración al Corazón Eucarístico de Jesús


Sacratísimo Corazón de Jesús, verdaderamente presente en la Santa Eucaristía, te consagro mi cuerpo y mi alma para ser enteramente uno con Tu corazón, sacrificado cada instante en todos los altares del mundo y dando alabanza al Padre, implorando por la venida de Su Reino.


Ruego que recibas esta humilde ofrenda de mi ser. Utilízame como quieras para la gloria del Padre y la salvación de las almas. 

Santísima Madre de Dios, no permitas que jamás me separe de tu Divino Hijo. Te ruego me defiendas y protejas como tu hijo especial, Amén.


De las Siervas de La Santísima Eucaristía. Akita-Japón

martes, 7 de agosto de 2012

La Eucaristía

Es misterio
Es sacramento
Es sacrificio
Como misterio, se cree
Como sacramento, se recibe
Como sacrificio, se ofrece.
Se propone al entendimiento como misterio.
Se da al alma como alimento
Se ofrece a Dios como homenaje
Como misterio, anonada.
Como sacramento, alimenta
Como sacrificio, redime.
Como misterio, es admirable.
Como sacramento, es deleitable.
Como sacrificio, es inefable.
Como misterio, es impenetrable.
Como sacramento, es presencia real.
Como sacrificio, alimenta.
Como misterio, es impenetrable.
Como sacramento, es sabrosísimo.
Como sacrificio, es valiosísimo.
Como misterio, debo meditarlo.
Como sacramento, debo gustarlo.
Como sacrificio, debo apreciarlo sobre todo.
Es misterio de fe. Debo creerlo.
Es sacramento de amor. Debo amarlo.
Es sacrificio de Dios. Debo confiar en él.
Como misterio se esconde.. en el Sagrario.
Como sacramento, alimenta.. es convite, es comunión.
Como sacrificio, se inmola... es víctima.. es la Santa Misa.

¡Oh Misterio Adorable! El Sagrario será mi refugio.
¡Oh Sacramento Dulcísimo! Comulgar será mi mayor deseo.
¡Oh Sacrificio Estupendo! La misa será mi prioridad de vida.

lunes, 16 de julio de 2012

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo!



¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! (Tres veces).

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido. Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pecadores.

(Los niños de Fátima rezaban estas oraciones de rodillas y con la frente inclinada hacia el suelo)



viernes, 6 de julio de 2012

San Tarcisio, hostia inmaculada ofrecida a Dios


¿Quién era san Tarcisio? No tenemos muchas noticias de él. Estamos en los primeros siglos de la historia de la Iglesia; más exactamente en el siglo III. Se narra que era un joven que frecuentaba las catacumbas de san Calixto, aquí en Roma, y era muy fiel a sus compromisos cristianos. Amaba mucho la Eucaristía, y por varios elementos deducimos que probablemente era un acólito, es decir, un monaguillo. Eran años en los que el emperador Valeriano perseguía duramente a los cristianos, que se veían forzados a reunirse a escondidas en casas privadas o, a veces, también en las catacumbas, para escuchar la Palabra de Dios, orar y celebrar la santa misa. También la costumbre de llevar la Eucaristía a los presos y a los enfermos resultaba cada vez más peligrosa.

Un día, cuando el sacerdote preguntó, como solía hacer, quién estaba dispuesto a llevar la Eucaristía a los demás hermanos y hermanas que la esperaban, se levantó el joven Tarsicio y dijo: «Envíame a mí». Ese muchacho parecía demasiado joven para un servicio tan arduo. «Mi juventud —dijo Tarsicio— será la mejor protección para la Eucaristía». El sacerdote, convencido, le confió aquel Pan precioso, diciéndole: «Tarsicio, recuerda que a tus débiles cuidados se encomienda un tesoro celestial. Evita los caminos frecuentados y no olvides que las cosas santas no deben ser arrojadas a los perros ni las perlas a los cerdos. ¿Guardarás con fidelidad y seguridad los Sagrados Misterios?». «Moriré —respondió decidido Tarsicio— antes que cederlos». A lo largo del camino se encontró con algunos amigos, que acercándose a él le pidieron que se uniera a ellos. Al responder que no podía, ellos —que eran paganos— comenzaron a sospechar e insistieron, dándose cuenta de que apretaba algo contra su pecho y parecía defenderlo. Intentaron arrancárselo, pero no lo lograron; la lucha se hizo cada vez más furiosa, sobre todo cuando supieron que Tarsicio era cristiano; le dieron puntapiés, le arrojaron piedras, pero él no cedió. Ya moribundo, fue llevado al sacerdote por un oficial pretoriano llamado Cuadrado, que también se había convertido en cristiano a escondidas. Llegó ya sin vida, pero seguía apretando contra su pecho un pequeño lienzo con la Eucaristía. Fue sepultado inmediatamente en las catacumbas de san Calixto.

El Papa san Dámaso hizo una inscripción para la tumba de san Tarsicio, según la cual el joven murió en el año 257. El Martirologio Romano fija la fecha el 15 de agosto y en el mismo Martirologio se recoge una hermosa tradición oral, según la cual no se encontró el Santísimo Sacramento en el cuerpo de san Tarsicio, ni en las manos ni entre sus vestidos. Se explicó que la partícula consagrada, defendida con la vida por el pequeño mártir, se había convertido en carne de su carne, formando así con su mismo cuerpo una única hostia inmaculada ofrecida a Dios.

Queridas y queridos monaguillos, el testimonio de san Tarsicio y esta hermosa tradición nos enseñan el profundo amor y la gran veneración que debemos tener hacia la Eucaristía: es un bien precioso, un tesoro cuyo valor no se puede medir; es el Pan de la vida, es Jesús mismo que se convierte en alimento, apoyo y fuerza para nuestro peregrinar de cada día, y en camino abierto hacia la vida eterna; es el mayor don que Jesús nos ha dejado.

Me dirijo a vosotros, aquí presentes, y por medio de vosotros a todos los monaguillos del mundo. Servid con generosidad a Jesús presente en la Eucaristía. Es una tarea importante, que os permite estar muy cerca del Señor y crecer en una amistad verdadera y profunda con él. Custodiad celosamente esta amistad en vuestro corazón como san Tarsicio, dispuestos a comprometeros, a luchar y a dar la vida para que Jesús llegue a todos los hombres. También vosotros comunicad a vuestros coetáneos el don de esta amistad, con alegría, con entusiasmo, sin miedo, para que puedan sentir que vosotros conocéis este Misterio, que es verdad y que lo amáis. Cada vez que os acercáis al altar, tenéis la suerte de asistir al gran gesto de amor de Dios, que sigue queriéndose entregar a cada uno de nosotros, estar cerca de nosotros, ayudarnos, darnos fuerza para vivir bien.

Como sabéis, con la consagración, ese pedacito de pan se convierte en Cuerpo de Cristo, ese vino se convierte en Sangre de Cristo. Sois afortunados por poder vivir de cerca este inefable misterio. Realizad con amor, con devoción y con fidelidad vuestra tarea de monaguillos. No entréis en la iglesia para la celebración con superficialidad; antes bien, preparaos interiormente para la santa misa. Ayudando a vuestros sacerdotes en el servicio del altar contribuís a hacer que Jesús esté más cerca, de modo que las personas puedan sentir y darse cuenta con más claridad de que él está aquí; vosotros colaboráis para que él pueda estar más presente en el mundo, en la vida de cada día, en la Iglesia y en todo lugar. Queridos amigos, vosotros prestáis a Jesús vuestras manos, vuestros pensamientos, vuestro tiempo. Él no dejará de recompensaros, dándoos la verdadera alegría y haciendo que sintáis dónde está la felicidad más plena. San Tarsicio nos ha mostrado que el amor nos puede llevar incluso hasta la entrega de la vida por un bien auténtico, por el verdadero bien, por el Señor.

Probablemente a nosotros no se nos pedirá el martirio, pero Jesús nos pide la fidelidad en las cosas pequeñas, el recogimiento interior, la participación interior, nuestra fe y el esfuerzo de mantener presente este tesoro en la vida de cada día. Nos pide la fidelidad en las tareas diarias, el testimonio de su amor, frecuentado la Iglesia por convicción interior y por la alegría de su presencia. Así podemos dar a conocer también a nuestros amigos que Jesús vive. Que en este compromiso nos ayude la intercesión de san Juan María Vianney —cuya memoria litúrgica se celebra hoy—, de este humilde párroco de Francia que cambió una pequeña comunidad y así dio al mundo nueva luz. Que el ejemplo de san Tarsicio y de san Juan María Vianney nos impulse cada día a amar a Jesús y a cumplir su voluntad, como hizo la Virgen María, fiel a su Hijo hasta el final. Gracias, una vez más, a todos. Que Dios os bendiga en estos días. Os deseo un feliz regreso a vuestros países.

 Papa Benedicto XVI
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